sábado, 16 de enero de 2016

Para qué sirven las Constelaciones Familiares. Lo que cuenta un cliente.



No olvidaremos el abrazo final ocurrido en la constelación del Sábado entre los representantes de Xabier y su ex mujer. 
Tampoco la respuesta testada con Péndulo Hebreo ante la preocupación de Xabier por la negativa de su ex a aceptar la venta de la propiedad en común.
Gracias Xabier por recordárnoslo con este reporte.


En primer lugar, darte las gracias por ayudarme a ver y comprender otras posibilidades que mi mente no veía, gracias. 
El pasado día 9 de enero acudí al centro Aguamarina de Deusto en Bizkaia a un evento de Constelaciones Familiares. 
Yo quería constelar lo que me estaba sucediendo y pensando que el enredo mental en el que estaba sumergido, con unos cuantos frentes abiertos. 
Desde la venta de nuestra casa de mi ex y la mía. 
Del cambiar de trabajo, de un trabajo mecánico a un trabajo inspirador y renovable. 
O sea, un renacer pensaba yo, pero me di cuenta que tan sólo estaba huyendo de mi realidad. 
Solo quería constelar la venta de la casa, tenía mis miedos pues mi ex no la quería vender, no sólo para joderme sino que a ella no le salían los números. 
Y allí salió todo. Lo que quería y lo que no quería ver y lo que no quería que los demás vieran, pero salió y pude ver y comprender que era necesario que fuese así. 
Gracias de nuevo. 
Me di cuenta que todo está entrelazado, que para solucionar mi huida tenía que solucionar el foco donde comenzó  y lo vi claramente, que hasta que no solucione desde el corazón y no desde la razón nuestra separación, no dejaré de huir y sé por qué lo siento que es así. 
Sé que cuando cierre con ella y nos fundamos en un abrazo desde la gratitud por el compartir de nuestros años convividos y lo dejemos en paz para que ambos podamos volver a empezar, entonces todo volverá poco a poco a su lugar. 
Eso es lo que comprendí y lo que sentí. 
El siguiente día 12 Martes fuimos al notario la directora del banco junto a la nueva propietaria, mi ex pareja y yo, a firmar la venta de la vivienda. Como no había sillas para todos, yo permanecí de pie frente a la ventana y después de firmar, alcé la vista y tras la ventana se veía el puerto de Ondarru con el mástil y la ikurriña, con un mar embravecido por el temporal que asoló ese día y con el arco iris de fondo. 
Sonreí y di las gracias. 
Me pareció un buen presagio. 
Gracias. 
                     


                                          Xabier.

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